El mercado televisivo: España no es USA.
Hace unas semanas me encontré con este artículo en Periodista Digital en el cual Sergio Espí expone los motivos por los que considera la ficción en España falta de originalidad, riesgo y calidad. Aunque, hablando en general, yo no soy precisamente el ejemplo de alguien que ve y defiende las series nacionales, hoy he decidido hacer de abogada del diablo para rebatir, tirando de fisking, alguno de sus argumentos centrándome principalmente en la comparación que hace con el mercado americano.Ahora mismo las series más punteras y exportadas vienen de E.U.U.U y, últimamente de Inglaterra. Ambos países, como cualquier otro, poseen un público de exigencias muy particulares. Allí existe una industria una audiencia fragmentada y variada. Hay más oferta y el mercado manda, así que se buscan producto cada vez más sorprendentes e innovadores.
Esto es una verdad a medias, realmente. Por una parte, si analizamos la parrilla americana en los últimos años, se aprecia una tendencia clara a evitar el riesgo, a apoyarse en algo preexistente y conocido (remakes, adaptaciones, etc.) y a caer en los formatos de audiencia masiva donde la autoconclusividad y el encefalograma plano predominan. Series que puedo quedarme dormido un rato y al despertarme me reenganche sin problema, como dice mi padre cuando me pide algo para ver.
Sí es un hecho que en Estados Unidos existe una audiencia fragmentada y variada, lo que me lleva a otro punto de su artículo.
En España el target que más televisión consume son los niños y/o adolescentes y las mujeres mayores de 40 años. (…) Las series, pues, son familiares, fáciles, aptas para todos. El espectador más exigente carece de entretenimiento. La pregunta es: ¿Es un problema de oferta o de demanda? ¿Solución?: Con la TDT y los canales de pago la audiencia está más fragmentada (…) crear productos de calidad, arriesgados y punteros diseñados para audiencias específicas, sin intenciones de agradar a todo el mundo.
Sí, este es probablemente el gran problema de nuestra televisión. Pero en este asunto intervienen muchos factores que considero importante mencionar. En los estados juntitos son 300 millones de personas y, con los años, se ha llegado a tal fragmentación de audiencia, con sus más de 500 canales, que un millón de espectadores puede ser un triunfo para la cadena. Pero no nos confundamos, las Networks yankis (con las que compararíamos nuestras cinco cadenas principales) hasta hace cinco años sólo miraban por la audiencia general.
Volviendo a España, la audiencia potencial es de 46 millones, lo que hace la fragmentación un asunto peliagudo. El millón y medio de audiencia de Dexter, una serie muy minoritaria, representa un 0,5% del universo total. Ese porcentaje de espectadores en nuestro marco es muy difícil de vender a un anunciante.
Ah! Los anunciantes… Desgraciadamente o por fortuna, la televisión es un negocio y las televisiones viven para la exigencia de un cliente anclado en el pasado. Las marcas no parecen convencidas de los beneficios del target específico y siguen mirando por el share. Quizá la crisis ha potenciado que algunas experimenten en Internet las posibilidades del marketing de nicho, pero la realidad es que las cadenas buscan la serie familiar porque es lo que hace caja.
¿Es posible una ficción para un público más concreto? En el artículo encontramos dos ejemplos de buena ficción nacional como son Crematorio o Qué fue de Jorge Sanz pero no hay que olvidar una cosa: al igual que Showtime, HBO, AMC y otras cadenas de cable que producen esas series que tanto admiramos, pertenecen a canales de pago donde el cliente apoquina para ver lo que le interesa. Es por este motivo por el que no he mencionado la ficción británica hasta ahora: los ingleses pagan una cantidad anual por su televisión que haría estallar una guerra si se implantase en España.
El autor sigue hablando de otros problemas como la duración del formato, la programación o la autocensura, pero esto son temas relativos a nuestro propio mercado que serían más adecuados para una entrada sobre la ficción española. Algún día me mojaré y me atreveré a escribirla.
Acabo ya con una conclusión. Es muy fácil comparar nuestra industria televisiva con una que nos saca cincuenta años de ventaja. Es cierto que el cambio y la evolución son necesarios, y yo soy la primera que siempre salto a defender la segregación de la audiencia pero, ni todo es tan sencillo ni tampoco deberíamos endiosar a un Hollywood con una máxima idéntica a la nuestra: la pela.
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